Protegiendo a madres e hijos de los cambios bruscos de temperatura

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En muchas ocasiones se subvalora cuánto daño a la salud pueden causar los cambios bruscos de temperatura. Son las vías respiratorias las que más se ven afectadas por este fenómeno. Una de las consecuencias más simple es enfermar de gripe.

El desarrollo ha propiciado, para bien, la climatización de las viviendas, tiendas, oficinas y otros locales cerrados. Entonces en el más crudo de los inviernos se tiene vive en un lugar cálido, se maneja en un coche cálido. Sin embargo, el trayecto que los une permanece frío.

 

Un problema con solución

Pero no solo los aires acondicionados y la calefacción provocan los cambios rápidos de temperatura. El propio cambio climático ha hecho que el estado del tiempo se vuelva cada vez más impredecible.

La solución para protegerse de los descensos bruscos de los termómetros no es abrigarse más. Esto se debe a que el exceso de ropa dificulta la regulación de la temperatura corporal. Del mismo modo, hace más complicada la transpiración. La mejor manera de luchar contra el frío es cubrir bien la nariz y la boca de la mamá y el bebé. Una bufanda es la solución perfecta.

No menos importante es considerar el material con lo que está hecha la bufanda, o cualquier otra prenda que se utilice. Es recomendable emplear tejidos 100% de algodón, pues no produce irritación en la tierna piel del bebé. Lo mismo para la madre, porque está casi permanentemente en contacto con el bebito. Otros tipos de telas acumulan más polvo, lo que puede provocar alergias.

En cambio, en épocas más cálidas es sumamente importante mantener un consumo constante de agua, para mantener el cuerpo hidratado. Con el calor se suda mucho, y por ende hay una pérdida importante de líquido, y la deshidratación puede aparecer en poco tiempo. En los bebés esto es un peligro serio. Se recomienda el consumo de alrededor de 2 litros al día de agua, como mínimo.

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